Una cámara con más de un siglo de historia, un antiguo camión remodelado para transportarla y hacer de laboratorio de revelado, y una admiración infinita por la belleza de los paisajes de los Dolomitas es todo lo que necesita Kurt Moser para dejarlo todo atrás y dedicarse en cuerpo y alma a inmortalizar estas majestuosas montañas. Con esta cámara, ambrotipo, se obtiene la fotografía sobre una placa de vidrio. Al ser un positivo no pueden realizarse copias, lo cual convierte cada imagen en algo único e irrepetible, igual que los propios Dolomitas.
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El proyecto Lightcatcher, el cazador de luz
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