Las ovejas, simpáticas pobladoras de llanuras y valles, llegaron a Europa allá por el Neolítico, alcanzando incluso las Highlands escocesas. Es allí donde actualmente perdura una práctica alimenticia poco común en esta especie: comer algas. En 1832, las ovejas fueron confinadas en la costa, llena de algas, para que no devastaran las escasas tierras fértiles. Ante la dicotomía de adaptarse o morir, las ovejas escogieron la primera opción.
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