Como cualquier madre trabajadora, las hembras de los “zorros voladores” dejan a su prole en la guardería mientras buscan su sustento. Nada más nacer, las mamás vuelan con las crías aferradas a ellas, pero recorren unos 50 km cada noche. Por eso, cuando empiezan a pesar demasiado, los pequeños se quedan durante la noche en el árbol-guardería con todos sus amigos.
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Pedro Jarque Krebs