Los estadounidenses son muy dados a convertir en un artículo de museo casi cualquier cosa. Por ello, cuando a Deborah Henson-Conant se le quemó la comida, pensó que sería una buena idea exponer su "obra". Así nació el museo de la comida quemada, donde se pueden observar toda clase de comidas que pasaron en el fuego más tiempo del debido. Para visitarlo tendrás que desplazarte hasta Arlington, cerca de Boston, y pedir una visita privada, la cual tiene un coste superior a 3000$ para un grupo de hasta 9 personas.
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