El lagarto cornudo es llamado así por las dos protuberancias que presenta sobre sus ojos y que le dan un aspecto amenazador, pero su mejor baza es que es capaz de disparar sangre por los ojos hasta una distancia de más de un metro para defenderse. No sólo pilla de imprevisto a su atacante, que seguro que no contaba con esto, sino que además la sangre incluye un componente ácido que resulta corrosivo. Así, mientras el enemigo se debate entre la sorpresa, el susto y la sangre ácida, el lagarto cornudo puede poner tierra de por medio.
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