Es una colina neozelandesa. Quien vaya a verla comprenderá por qué se tarda menos en alcanzar su cima de 305 metros que en leer su nombre: "T a u m a t a w h a k a t a n g i h a n g a k o a u a u o t a m a t e a t u r i p u k a k a p i k i m a u n g a h o r o n u k u p o k a i w h e n u a k i t a n a t a h u". Según el Guinness, es el topónimo más largo del mundo. Se precisa un inmenso letrero para anunciarlo al viajero y, en las escuelas, se reta a los niños a deletrearlo.
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